La historia que voy a contar está basada en hechos tan
reales como sobrenaturales y si estás dispuesto a malgastar tu tiempo leyéndola
creo que debo ser honesta contigo: hay mil cosas mejores que puedes hacer antes
que leer esta basura.
Lo que voy a contar ocurrió hace unos cuatro meses. Era la
última noche de feria y yo estaba con mi amiga cenando un bocata en la calle.
Íbamos a salir esa noche y aún quedaba un rato hasta la hora a la que habíamos
quedado, así que decidimos dar una vuelta por la feria. Fue una mala idea
porque estaba abarrotada de gente y era difícil caminar sin recibir unos
cuantos empujones y sacudidas en el intento. Nos estábamos cansando de tantos
golpes y paramos en un puesto de artesanía donde no había nadie. Nos encontrábamos
ahí, en nuestra especie de trinchera, cuando ocurrió algo a lo que aún a día de
hoy sigo buscando una explicación. Mi corazón se paró. Sí, se paró en el
sentido más patológico de la palabra. Sentí un dolor tan desgarrador y punzante
en el pecho que quedé completamente petrificada, sin poder respirar ni articular
una palabra de socorro. Recuerdo ver la cara de mi amiga cuando se giró y me
vio, descolocada, sujetándome y preguntándome si estaba bien. La respuesta era
obvia. Por suerte solo duró unos segundos. Ahora pienso: ¿cuál es el
diagnóstico de eso? Yo que sé. No creo que ningún médico tenga la respuesta y
me da miedo que sea mucho más
perturbadora que un simple aumento de mis troponinas.
Fue cuando llegué a casa cuando entendí qué había pasado. Ni
siquiera ahora, escribiendo esto, soy consciente de lo que eso significa. Ni
siquiera lo fui después de que mi madre me dijera que mi perrita de 13 años murió
a las 10 de la noche, justo a la hora a la que sentí esa punzada en el pecho.
Ni siquiera después de que la veterinaria de urgencias nos dijera que Perla
murió de un fallo cardíaco. Aún no sé qué pasó esa noche. A veces pienso que estábamos
conectadas, que yo sentí su fallo cardíaco, su muerte. Pensarás que estoy loca,
no te culpo, también yo he sido muy escéptica con estas cosas. Ni siquiera
ahora puedo decir que crea en ellas, pero ese dolor, quizá con una explicación
tan simple como un pinzamiento pleural, para mí tiene un significado tan reconfortante
y me aporta tanto consuelo que solo lamento que no durara unos segundos más.
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